14/may/2010 De Daniel Troche
Como cada día, veo su pequeña figura fumando en la esquina. El humo se mezcla con su pelo suelto, tejiendo imágenes entre la neblina. Su pollera al viento, parece la suelta de mil golondrinas. Mañana de otoño, comienzo del día. Yo rumbo al trabajo…ella en esa esquina.
En la plazoleta, fuera de su puesto, se encuentra el diariero, sin pregón ni gestos. En silencio espera que uno se sirva, la oferta de chismes, calumnias, patrañas y alguna noticia. Por la calle ancha de mi barriada, rumbo al colegio, van pibes y madres llevando sus sueños. ¡Que sueño que tienen! Les faltan aún, dos horas de almohada. Yo sigo mi marcha escuchando en la radio, noticias, chismes, calumnias, patrañas.
Recorro otro tramo de mi itinerario. Parada de micros, repleta de gente. Que espera con tedio el inminente arribo, del carruaje humilde, con olor a olvido. Son hombres, mujeres, ancianos y niños; rumbo a sus quehaceres. Yo, rumbo a los míos. No se si es la niebla o son mis sentidos. Hoy lo veo todo gris…descolorido.
Mi auto descubre un pozo distinto. Se sacude un poco, nace un nuevo ruido. Se abre la bruma y algo diviso. Movimientos raros y extraños sonidos, de martillo y chapa, de vértigo y grito. Entonces descubro que en el gran baldío; con viejos carteles, maderas y trapos, ya se está formando…otro caserío.
Queda solo un trecho, para mi destino. Voy mirando atento los sauces, los pinos. Busco algo bello, que me alegre el día. Y recuerdo entonces: Su pelo esfumado entre la neblina, su pollera al viento…y las golondrinas.
- Abril 2009 -
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